viernes, 9 de septiembre de 2011

El dios de las pequeñas cosas

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No importaba que la historia ya hubiese empezado, porque hacía tiempo que el kathakali había descubierto que el secreto de las Grandes Historias es que no tienen secretos. Las Grandes Historias son aquellas que ya se han oído y se quiere oír otra vez. Aquellas a las que se puede entrar por cualquier puerta y habitar en ellas cómodamente. No engañan con emociones o finales falsos. No sorprenden con imprevistos. Son tan conocidas como la casa en la que se vive. O el olor de la piel del ser amado. Sabemos cómo acaban y, sin embargo, las escuchamos como si no lo supiéramos. Del mismo modo que, aun sabiendo que un día moriremos, vivimos como si fuéramos inmortales. En las Grandes Historias sabemos quién vive, quién muere, quién encuentra el amor y quién no. Y, aun así, queremos volver a saberlo.

Ahí radica su misterio y su magia.

Para el Danzarín de Kathakali esas historias son sus hijos y su infancia. Ha crecido dentro de ellas. Son la casa donde se crió y las praderas en las que jugó. Son sus ventanas y su forma de ver. Así que, cuando cuenta una historia, la trata como si fuese una hija suya. Se burla de ella. La castiga. La lanza al aire como una pelota. Forcejea con ella, caen al suelo y luego la deja escapar otra vez. Se ríe de ella porque la ama. Puede transportarte por mundos enteros en pocos minutos o puede detenerse durante horas a observar una hoja marchita. O a jugar con la cola de un mono dormido. Puede pasar sin ningún esfuerzo de las matanzas bélicas al júbilo de una mujer que se lava el pelo en un arroyo de montaña. De la astuta vivacidad de un rakshasa con una idea nueva a un aldeano chismoso con un escándalo que propagar. De la sensualidad de una mujer dándole de mamar a un bebé a la seductora malicia de la sonrisa de Krishna. Puede desvelar la gota de dolor contenida en la felicidad. El pez oculto de la vergüenza en un mar de gloria.

Cuenta historias de los dioses, pero su cuento surge de un corazón humano, impío.

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Bigotes Afilados (Vol II)





Con su voz le daba sentido al aire, con sus manos adormecía a las fieras...

Quizás fuese por un acto de rebeldía o simplemente por su deseo incontrolable de aprender; sea lo que fuese, ella decidió marcharse y huir, como si de un animal salvaje a punto de ser cazado se tratase. Los que la conocimos, notamos cómo, sin planearlo, dejó restos de su esencia esparcida por la ciudad, como reflejos de luna en el mar.

Si una tarde paseabas por los Juncos, el olor a vainilla que ella desprendía parecía envolverse alrededor de la ropa. Su voz podía escucharse entre los callejones más ocultos como bellos susurros que alguna vez se dejó tirados por ahí. En las partes más oscuras de la ciudad, dos chiribitas marrones, tan claras como sus ojos, revoloteaban acompañándote durante un trecho del camino. Sus cosas parecían arraigadas al lugar con tanta fuerza, que nadie era capaz de arrancarlas. Los amigos a los que allí había dejado continuaba con sus vidas, sus vidas estudiando, sus vidas en cada tarde tranquila, sus vidas, aquellas que ahora se sentían más solas, en un día habitual con sus familias y sus actividades, sus vidas que la extrañaban.

Pero ella no era de ningún lugar y nunca tuvo miedo a correr hacia algún destino que el mundo le hubiera deparado. Y eso no era siempre fácil, pero tenía la seguridad cosida a las plantas de sus pies y, cuando dudaba, cerraba fuertemente los ojos para que sus otros sentidos la dirigieran sola a allá donde tenía que llegar.

Su único idioma era el suyo propio, pero podía hablar en todos los existentes. Y en esa lengua comprendió que hay decisiones en la vida que nunca se debieron tomar: ella no quería una vida atada a un plano y un edificio, a unos materiales y unos patrones. Quería una vida en miles y miles de idiomas, y hacia eso se dirigía.

Los que la conocimos, percibimos cómo, sin tan siquiera notarlo, dejó brotes de su esencia embadurnados por el suelo.

Y los que llegaron tarde a este acto, supieron de la grandeza de quien por allí había caminado y sintieron pena de no haber asistido, ni aunque fuera un momento, a tal espectáculo.


martes, 23 de agosto de 2011

23 de Agosto

Aquel tiempo se ha cristalizado, ya no puedo cuidarlo más conmigo, en mis manos. Cierro los puños y lo mantengo a salvo, mirada al frente. Pero cuando abro de nuevo las manos, los pedazos rotos me están desangrando.

sábado, 13 de agosto de 2011

St Vincent - Surgeon



La que es para mi la reina del folk psicodélico sacará nuevo disco el 13 de septiembre en Estados unidos y un día antes en Reino Unido desde 4AD